A Horacio Quiroga(1878-1937)
No me queda ya nada, ni el aire que respiro, ni los días que he vivido.
La soledad me abandona para reafirmar mi abandono, desterrado en el
limbo, nación de los anónimos dónde nada me queda.
No me queda ni mi alma flagelada, eterna e inexistente, ni mis pasos andados ya escapados, ya extraviados.
No me queda nada de lo que no fué mio, de lo que no fuí.
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