viernes, 30 de mayo de 2008

No le digas a nadie que yo tengo miedo

No... no lo digas... tan solo temo por mí... y eso no importa, no importa que no pueda encender la luz y soportar que mi sombra me aceche bajo mis pies, que mis pasos sean una secuencia de cosas perdidas, que un ubérrimo señor hecatombe me diga como un amorfinado y loco profeta que los días aquí escasa mente son días.

No digas a ese sonoro bum bum-bang dónde estoy.

No le digas a nadie que mi miedo tuvo forma de mujer y sangre de verdugo.

No le digas a nadie que yo tengo miedo, porque la cura es una ventana de un decimo noveno piso, o las balas misericordes de un justiciero de la honda 125 cc, no... no le digas a nadie que yo tengo miedo, que estas palabras que dice este montón de carne ya no sean mañana, y que de mí solo queden unos huesos con más pena que gloria... no le digas a nadie que le temo a la gloria y al honor... no soporto esas verdades a medias... dobles mentiras sin remedio... tengo miedo.

1 comentario:

Rossa dijo...

Los gritos silenciosos duelen màs,cuando nos invade el miedo,nos embarga la obscuridad y nos hace gritar en silencio...
Te leo.
Gracias por tu visita.
Yo no me he graduado en esta carrera de la vida y eso que tengo muchos màs
años que tù.

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Estudiante de la escuela de la vida.