sábado, 11 de octubre de 2008

De mi viejo escritorio

De mi viejo escritorio no puedo salir, nos hemos vuelto dependientes el uno del otro... siempre ha sido el testigo mudo de mis sacrificios verbales, tácitamente lo he convertido es ese altar pagano de devoción a la nada, de pócimas destinadas a vanos propósitos, solo me pide que lo limpie del polvo y que lo proteja de las termitas... hay muchos escritorios que podrían reemplazarlo pero..., hay amigos que no puedes cambiar cuando te han dado una mano en esas aguas huracanadas de la vida, no me habla, solo me escucha, tal vez por eso lo quiero tanto, no me da respuestas... solo me regala dudas.

Cuida de mis poemas como si fuera su padre y con paciencia los nutre hasta que salen al mundo real, y el mundo real nos cubre como si fuéramos a penas un pedazo de carne huesos y vísceras con vida y un inerte trozo de madera, pero ambos somos desobedientes al canon de la realidad, a la aburrida formalidad de la utilidad, a la pretensión de la verdad absoluta de las cosas... por eso me cuesta salir de mi viejo escritorio.

2 comentarios:

Adriana dijo...

Que texto tan poético y sentido, no cambies nunca tu viejo escritorio, te inspira palabras muy bonitas...
Que te acompañe siempre, aunque te mudes de casa, de ciudad, de país...
besos

. dijo...

Cuando yo era pequeña, escribía debajo de la cama para que nadie me viera... y ese sigue siendo uno de mis rincones favoritos!

Un besito!

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Estudiante de la escuela de la vida.