sábado, 17 de enero de 2009

Inocencio del bajo mundo

En la parte de la ciudad que habito el mundo tiende a tener todos los matices posibles y el carácter humano se revela de una manera tan sincera que no hay posibilidad de guardar silencio.

En esta maraña de calles que es mi ciudad se camuflan las siempre infalibles "oyas"..., proveedores constantes de yerbas santas y venenos químicos, de felicidad y miedo, de cielos e infiernos... ellos los "jíbaros" han tenido siempre la misma función, subrepticia y pública a la vez y han reencarnado en personajes como la loca, el ponky, carola, el niche, juancho, el chavo y un largo etc.

Tal como es el caso de Inocencio, personaje arrancado de algún lugar del país y puesto a la fuerza en un laberinto de smok, polvo y asfalto, él terminó jugando la dinámica de revender muy buena yerba... cosa que lo hizo famoso en esta periférica comarca, él no tenía un lugar fijo... rotaba en las calles un número telefónico al cual se preguntaba por "cilantro" y él respondía ¿cuantos y donde?... Inocencio era la síntesis personalizada del negocio de estupefacientes... era el obrero del imperio de nuevas mafias y el que ponía siempre la cara a la "ley" que revoloteaba sin pena ni gloria.

La inocencia solo la conservaba en el nombre porque la ciudad lo había hecho de un campesino trabajador de su tierra a un eslabón de la ilegalidad... sin ser religioso necesaria mente siempre le decía "Dios te acompañe y hasta la próxima" mientras tomaba los paqueticos de yerba que me extendía desde su gorra que solo se quitaba al vender y en un elocuente gesto de saludo.

2 comentarios:

Adriana dijo...

Mira vos Inocencio, no tan inocencio que digamos.
Un cuento breve muy bien llevado.

Besos, cambiaste diseño de blog, me gusta como quedó.:-)

yady dijo...

el comenterio es que se aserco en la perte donde la yerba ees perte de toda la naturaleza sagrada y funsional, por todo lo demas ,despege y busque el por qu ey donde esta su verdadera verdad,

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Estudiante de la escuela de la vida.