En vista de que somos bebedores empedernidos, podemos terminar convertidos en una masa informe de arapos y huesos quebrados por el hielo; entonces pensamos (sólo pensamos porque como nuestra boca anda incrustada en el agujero ambarino de una botella) ¡hey querido whisky! ¡qué de tu puta! y ¡qué chinga madre!Y pensar que acá hay millones de cadáveres y no sé si superan en número a los que hay afuera. En general, me temo que de libros y hombres todos estamos inmersos en ese juego de la libertad que nos cuesta los dedos y la boca y más adentro, los sueños. En ese orden de ideas, es mejor que ni te pongas las gafas...Deja asi, que lo difuso tomará claridad en algún momento. Eso sí ten cuidado de los pisos altos, y los edificios y una que otra avenida transitada. Ni se te ocurra pasar por debajo de un puente (dicen que los suicidas te caen encima como plumas de pavo)...
Por: Erika Lancheros
No hay comentarios:
Publicar un comentario