
Al ser humano se le puede impeler el titulo de narcófilo por naturaleza, desde la más tierna edad manifestamos nuestra preferencia por el dulce o más bien de sus propiedades energeticas sobre nuestros cuerpecillos ávidos de ese sutil empujón que siempre buscaremos.
La historia de las bebidas embriagantes confirma ese uso hedónico que le damos a plantas y otros productos naturales que normalmente ni se pensarian con ese fin, como si estuvieramos decifrando los códices sensitivos que la tierra le regala a su hijo más ingrato.
Las plantas sagradas y demás portales del re-descubrimiento son un regalo de la naturaleza para el avieso cerebro de un ser humano que insiste en malpagar a un planeta que se lo ha dado todo.
1 comentario:
Según esa concepción, ¿Es el dulce un narcótico?
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